domingo, 1 de febrero de 2009

Comienza febrero...

Comienza el mes de febrero, y es de esperar que los finalistas del concurso El Barco de Vapor, de SM, se enteren este més de que están invitados a la entrega de premios en Madrid.
¡Qué nervios! ¿Les habrá gustado mi historia, o quizá nohabrá pasado ni la criba inicial?

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Lo sospechosos no viajan a Suiza (4)

4

Realmente Marie y yo nos reunimos una tercera vez, fue el jueves anterior al robo cuando vino por la noche a mi propia casa. Lástima que ahora esté ya detenida y en espera de un juicio que seguramente le supondrá unos cuantos años entre rejas.

Me gustaba mucho esa viejecita, siempre lo planeaba todo tan bien. Para observar un banco por dentro aparecía con cualquier excusa. Trabó amistad con dos empleadas sólo por conseguir información del banco, y, como toque maestro de su plan perfecto, llegó a conseguir que el propio director del banco fuese cómplice del atraco.

Así se cree que fue su primer gran atraco, hará unos veinte años. Y así fue como atracó su último banco. Todo lo dispuso de la misma forma sólo que un detalle le salió mal.

Ninguna de las dos veces que se presentó en el banco, pidiendo una entrevista privada conmigo tenía la intención de hablarme de su hijo y Pam, todo ese teatro lo hizo para dar a la gente de qué hablar. Venía para presentarme su plan, no se cómo se las ingenió para saber que yo aceptaría, pero el caso es que apareció por allí con mapas y esquemas ya preparados y con bastantes cosas de que hablar.

Yo nada le debía a la vida, ya que todo cuanto me había dado había terminado quitándomelo, así que en cuanto vi la oportunidad que se me estaba presentando decidí no desaprovecharla.

Ni en el banco ni en todo Dublín había nadie que me respetase de verdad, y si a alguien le importaba era por miedo a perder su empleo. Aquí en Suiza no me prejuzgan ni se interesan por mi pasado, ahora tengo dinero y me respetan. Y aunque para conseguirlo tuviese que irme con el dinero del banco, dejando a Marie en la estacada, no me arrepiento de ello. Se merece estar en la cárcel.

Edward Cramer


- FIN -

sábado, 6 de diciembre de 2008

Los sospechosos no viajan a Suiza (3 d)

3 d

Llego por fin al capítulo de los famosos rumores. Ante todo he de decir que no ha sido todo más que una fatal y sobre todo trivial coincidencia. Fueron solamente tres las noches que estuvo la luz de mi cuarto encendida hasta altas horas de la madrugada, y una de ellas fue debida a un simple descuido. Son las otras dos las que sí tienen importancia.

La primera noche fue, naturalmente, a Joe a quien invité a cenar. Si sirve de algo anotaré que pasamos una velada muy agradable, a pesar de lo que puedan decir las malas lenguas, sin hacer nada de lo que nos podamos nunca arrepentir.

Marie fue la que me visitó el otro viernes, venía a pedirme que dejase a Joe, qué curiosa resultó aquella noche, Marie y yo nos congraciamos y hablamos mucho, casi diría que lo hablamos todo. La señora O'Harlay tiene una risa muy especial, sincera y agradable, creo que es lo único sincero y agradable que tiene.

Nunca me ha gustado que nadie fuese a la cárcel, aunque lo mereciese. Quizá nunca he sido capaz de comprender cómo alguien puede hacer algo voluntariamente por lo que pueda terminar entre rejas. Y cuando quien va a cárcel es alguien a quien conozco me resulta más inexplicable todavía. Así que, aun con todas las pruebas a favor, ni a la persona más despreciable dejaría que metiesen en la cárcel.

Pamela Wilson

martes, 2 de diciembre de 2008

Los sospechosos no viajan a Suiza (3 c)

3 c

Respecto a Joe, no tengo nada que decir, los motivos por los que Joe y yo comenzamos a vernos no son de la incumbencia de nadie ni tienen importancia para este caso. Por tanto, es únicamente de su familia de quien voy a hablar. A pesar de que Joe se negara a que yo los conociera, me las ingenié para visitarlos y no me arrepiento de ello. Su padre era un hombre encantador, o al menos lo había sido alguna vez, ahora su carácter estaba totalmente arruinado por la bebida, y a veces se irritaba mucho y llegaba a pegar a Marie, su mujer. Afortunadamente para ella era muy de vez en cuando, y sólo cuando tenía motivos para hacerlo, por ejemplo, cuando descubrió que había sido la propia Marie quien había inventado el pernicioso rumor de que Bud y yo nos veíamos -no tardaré en hablar de todo eso- llegó a su casa hecho una furia y sacudió a Marie de forma brutal. Esto sucedió, precisamente, dos días antes del robo.

Marie O'Harlay, sin embargo, no era ni lo había sido nada encantadora. Si se le notaba que era vieja era por las arrugas y por los chismes y mentiras que era capaz de inventar, y de hecho los inventaba. Pero no lo hacía por diversión sino que siempre tenía un objetivo, siempre había algo que quería conseguir a costa de lo que fuese.

Había sido una de las mejores carteristas de los barrios bajos, y es muy posible que pudiese competir todavía con ellos, sus dedos seguían ágiles, y aún conservaba una rapidez y una serenidad que parecían provenir de sus tiempos fuera de la ley. Había hecho de todo, estafado, timado, robado, atracado y muchas más cosas que no llego ni a sospechar. Tenía también alguna que otra neurosis obsesiva respecto a su hijo, creía que yo se lo iba a robar o algo por el estilo. Una individua muy peculiar la señora O'Harlay.

(...continuará...)

Pamela Wilson

viernes, 28 de noviembre de 2008

Los sospechosos no viajan a Suiza (3 b)

3 b

Edward era bastante irascible y no dejaba de inculpar a Joe en el robo, aunque no hubiesen pruebas contra él, pero para el pobre señor Cramer, el mundo era sólo tal y como él lo veía tras sus anteojos. Mucha gente llegaba a despreciarlo por su carácter agresivo y dominante, pero nadie se preocupaba por conocerlo. Realmente no era fácil, pero se podía descubrir en él un gran corazón bajo el caparazón del autoritarismo. Todo lo causó un accidente de tráfico; varios años atrás, su esposa y sus cuatro hijos murieron al despeñarse el autobús en el que viajaban. El señor Cramer quedó muy afectado y llegó a estar internado en un hospital psiquiátrico durante un mes. Desde entonces tuvo que enfrentarse con todas su fuerzas contra la vida, que todo se lo había quitado, y que ninguna ilusión le ofrecía.

Criss y yo éramos las únicas personas que conocíamos todo esto y Edward casi nos despreciaba por ello. Aunque sabíamos que nada podíamos reprocharle. Era Criss quien más tiempo llevaba trabajando en el banco, y la que más confianzas se permitía con el señor Cramer. Sus no asistencias al trabajo no eran tan numerosas como Edward creía, y estaban sobradamente justificadas, al menos en mi opinión, pero Cramer pensaba de otro modo.

(...continuará...)

Pamela Wilson

lunes, 24 de noviembre de 2008

Los sospechosos no viajan a Suiza (3 a)

3 a

Cuando me dijeron que habían atracado el banco en seguida supe quién había sido. Se había comportado de forma extraña aquellos días y no era raro pensar que tramaba algo, aunque la policía ni siquiera llegase a sospechar de ella.

Por supuesto que la ‘lista de los cuatro’ estaba incompleta, o, cuando menos, injustamente considerada. Sólo cuatro personas -me decía el detective Barrow- han podido organizar este atraco; Edward Cramer, el director del banco; Cristine Harlow, jefa de personal; usted misma, señorita Wilson; y Joe O'Harlay. Y sólo el señor Cramer está fuera de sospecha. Así que, ¿tiene algo que alegar en su defensa?

Mike era un policía encantador, pero no había quién lo soportase cuando se ponía en plan de película americana.

— No estoy de acuerdo con esa lista —le dije— y, como usted sabrá, todo el mundo es inocente mientras no se demuestre lo contrario.

Y lo contrario nunca se demostró.

Un buen día nos reunieron a los tres sospechosos y nos interrogaron, muy amablemente, eso sí, pero sin rodeos.

En primer lugar, Joe lo único que sabía era lo que yo misma le había comentado la tarde anterior al robo. Tal y como lo había dispuesto el señor Cramer, el dinero quedaba un instante sin vigilancia, mientras se abría la caja y se protegía el furgón hasta que se fuese. Me extrañó mucho, pero no tuvo más importancia que yo me preocupara por eso.

Tom y Dick habían visto constantemente a Joe, y así lo declararon los dos guardias; Criss se había tenido que ir, como muchas otras veces, cosa que exasperaba a Edward, a Swords a cuidar de su anciana madre que sufría una grave enfermedad, varios familiares podían corroborarlo. Respecto a mí, habían bastantes dudas.

(...continuará...)

Pamela Wilson

jueves, 20 de noviembre de 2008

Los sospechosos no viajan a Suiza (2 c)

2 c

Respecto a los rumores no tengo nada que decir, mi padre no tenía nada que ver con Pam y quién la visitaba todos los viernes por la noche, nunca quiso decírmelo, aunque creo sospechar quién era. Pam sólo tropezó con Bud una vez, en aquel pub de los barrios bajos, mientras esperaba a que terminase de reparar la caldera. El dueño del pub era un gran amigo mío, y como yo tenía bastante experiencia en fontanería gracias a mi padre, me pidió que le echase un vistazo a las tuberías. Cuando salí, como teníamos prisa, tuve que llevarme a Pam del brazo, realmente me sentía avergonzado de mi padre, borracho, con una jarra de cerveza en cada mano y un aliento capaz de tumbar a un elefante, yo había insistido en que Pam no debía ir a aquel pub, pero ella insistió en esperarme allí. Aunque no tuvo mayor importancia el incidente.

Mi madre tampoco era motivo de orgullo para mí, en sus tiempos había sido delincuente juvenil, y había pasado por mil y una fechorías hasta encontrar al que sería mi padre en quién sabe qué sitio. Era una vieja quisquillosa y chismosa y no dejaba de meterse conmigo y con Pam.

Yo no quería que Pam conociese a mi familia, pero eso no fue posible, si Pam tenía alguna debilidad, esa era la gente, le encantaba relacionarse con cualquier persona que encontrase, era muy abierta y comunicativa, además de bastante alegre. Fue un día a visitar a mi madre y estuvo hablando con ella largo y tendido. Nunca se llevaron muy bien ya que a mi madre le obsesionaba la idea de perderme, siempre tenía fantasmas y manías rondándole por la cabeza.

No tuve más remedio que dejar de visitarla y vivir mi vida sin que ella se entrometiese, aunque fue casi imposible, llegó incluso a aparecer en el banco para hablar con el señor Cramer sin que ninguno de los dos me dijese qué pasaba.

Joe O'Harlay